Los Juegos Olímpicos

Una de las disciplinas más antiguas del Ciclismo, la prueba de ruta, se disputó por primera vez en los Juegos Olímpicos de 1896, con un recorrido de 87 km, entre Atenas y Maratón, que empezaba y terminaba en la capital griega, anfitriona de la edición. El trayecto fue el mismo de la prueba de Atletismo, pero sobre dos ruedas.

Sin embargo, la disciplina no estuvo presente en los tres Juegos siguientes: París, en 1900, San Luis (Estados Unidos), en 1904, y Londres, en 1908. A pesar de ello, el ciclismo se popularizó a lo largo de los años, sobre todo en Europa —países como Alemania, Holanda, Suiza, España e Italia están entre las grandes potencias mundiales—.

Las bicicletas utilizadas en el Ciclismo en Ruta son más ligeras, con cuadros de carbono y materiales que permiten que el peso mínimo no sobrepase los 6,8 kg. El manubrio es bajo en razón de la aerodinámica, para que el ciclista pueda ahorrar energía y ganar más velocidad en el recorrido. Las bicicletas actuales cuentan con hasta 20 marchas, utilizadas para todos los tipos de tramos, de montaña, en bajada, y en línea recta.

Cuatro pruebas (dos para hombres y dos para mujeres) componen el programa olímpico actual de esta disciplina del Ciclismo. Una de ellas es la de Ruta, en que vence el que termine primero el recorrido, de, aproximadamente, 250 km para los hombres y 140 km para las mujeres —el femenino solo ingresó al programa de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en 1984—. Los competidores salen todos a un tiempo: gana la medalla de oro el que cruce la línea de llegada primero.

En Atlanta, en 1996, ingresaron al programa de competición los eventos de contrarreloj, tanto para hombres como para mujeres, donde cada corredor recorre un trayecto de alrededor de de 46 km (masculino) y 32 km (femenino) en el tiempo más corto posible. La salida de los competidores es individual, de 90 en 90 segundos.